Con Dios al volante. Deuteronomio 31:8

Hay que reconocer que nos cuesta confiar en los demás. Poner nuestras vidas en las manos de otros es complicado porque normalmente sólo nos fiamos de nosotros mismos. ¿No os ha pasado nunca que montáis con alguien en el coche y no os fiais del todo de su forma de conducir? Algunas personas hasta se marean si no conducen ellos. Ahora bien, la Biblia nos anima desde muy al principio a que sea Dios el que está “al volante” de nuestras vidas. (Deuteronomio 31:8)

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Se pueden apreciar en este versículo algunas ventajas que tenemos cuando dejamos a Dios que vaya “al volante” de nuestra vida:

La primera ventaja es que Dios sabe a dónde se dirige nuestra vida. “va delante de ti”. Ir delante significa que Dios conoce el lugar hacia donde se dirige nuestra vida. (Dt. 1:30)

La segunda ventaja es que Dios es una buena compañía. “él estará contigo”. Las personas que nos rodean nos da una fiel retrato de la calidad de vida que tenemos. Como dice el refrán: Dime con quién andas y te diré quién eres. Hay quien dejó de andar con Jesús y quien le siguió hasta el final.

La tercera ventaja es que Dios nunca nos abandona porque Él es fiel. “no te dejará, ni te desamparará”. Otras versiones apuntan a que Dios no se olvidará nunca de nosotros.

Este versículo es del libro de Deuteronomio. Un libro que enfatiza y repite la importancia de guardar los mandamientos y las promesas de bendición de Dios. Tenemos, como el aquel entonces, la tendencia a olvidarnos de lo más importante y eso hace que Dios tenga que recordarnos. Se trataba de una repetición de la Ley porque muchos de los que presenciaron la entrega de la Ley en el Sinaí habían fallecido. Si estas ventajas son mandamientos y promesas que Dios tiene que repetir debemos preguntarnos: ¿Estamos guardando esos mandamientos? Dicho de otra manera: ¿Confiamos en esas promesas? ¿Valoramos esas ventajas?

El pueblo de Dios tuvo que aprender con el paso del tiempo a no temer y a confiar en Dios valorando estas ventajas. Saber que Dios siempre está con nosotros tiene dos consecuencias que aprendemos con el tiempo y las experiencias. Las encontramos al final del versículo: “No temas ni te intimides” No tener miedo es ese miedo el que nos impide avanzar en muchas ocasiones. No acobardarse es cuando hemos tomando una decisión acobardarse o intimidarse es el miedo que nos echa para atrás.

Al pensar en estas ventajas y consecuencias debemos preguntarnos: ¿Dejaremos el volante de nuestra vida a Dios o seguiremos por nuestros caminos? Piénsalo!

Qué Dios os bendiga! Pastor Rubén Gramaje

Visita nuestra categoría “Predicaciones” para escuchar predicaciones y ver otros bosquejos:

https://eebmanlleu.wordpress.com/category/predicacionspredicaciones/

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