La esperanza es lo primero que se gana

Al acostarse no podía dormir. La gran pregunta sobre la muerte atemorizaba al niño de 6 años agarrando con fuerza su osito de peluche preferido. Su madre le dice que no piense en esas cosas pero él no puede dejar de imaginarse qué pasaría si dejase de existir y de ver a su mamá.

“Tal vez nos reencarnamos en un árbol o en un pajarito”, le dice su madre para tratar de calmarle pero el niño grita: “¡Mamá, yo no quiero ser un árbol, de qué me sirve que tú seas un pajarito, yo quiero ser siempre yo y que tú seas tú!”

Cada vez más nervioso, su madre le empieza a hablar de la física cuántica aunque no sepa muy bien de qué va. Como la ciencia siempre ha interesado al niño, se queda mucho más tranquilo y concilia el sueño con la facilidad que tienen ellos. Ella, por su parte, se pone el pijama pero no puede dejar de pensar en esa intranquilidad sobre la muerte que su hijo le ha transmitido y sobretodo, no puede soportar la idea de que algún día podría dejar de ver a su querido hijo.

esperanza

La historia “el niño ateo” de la periodista Clara Sanchís, me hacía pensar en la esperanza cristiana. Una vez que eres cristiano, la esperanza no es que sea lo último que se pierde, más bien es lo primero que se gana. La Biblia dice: “…tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.” Ante el mar de dudas en el que navega la sociedad que pretende ser atea, el cristianismo auténtico presenta una esperanza que aporta seguridad, estabilidad, gozo, valor y paciencia.

La esperanza en Jesús aporta la seguridad de saber que Él va delante abriendo el camino y podemos pasar por el mismo lugar por donde Él ya ha pasado. Aporta estabilidad porque la esperanza es como un ancla que une al Ser Inamovible. La esperanza en Jesús aporta gozo, ese sentimiento de alegría a pesar de las dificultades. De hecho, se obtiene la solución al problema más grande que como seres humanos tenemos: la muerte. La esperanza en Jesús también aporta valor, como diría el apóstol Pablo, “la esperanza no atemoriza porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”. ¿A ti ya te fue dado? Además, la esperanza en Jesús aporta la paciencia que sólo se ejercita esperando.

Como vemos, la esperanza cristiana tiene muchos beneficios para el ser humano. Esa esperanza está puesta delante de nosotros pero hay que acudir a ella para agarrarse. Dios ofrece esa esperanza invitándonos a “soltar nuestro osito preferido”, nuestros miedos, preocupaciones y cosas que muchas veces no queremos dejar. Te animamos a agarrarte a la esperanza que hay en Jesús. Sin duda una esperanza que no es lo último que se pierde sino lo primero que se gana.

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