Delante de Dios, tal como somos

   A lo mejor pensamos que para que Dios obre en nuestras vidas por medio de su Espíritu, nosotros tenemos que acercarnos a Él de una forma presentable, craso error. Desde la creación  (Génesis 1:2) vemos otra dinámica. En la creación del mundo todo estaba caótico, vacío y confuso. Estas circunstancias favorecieron la acción del Espíritu poniendo orden, plenitud y luz. ¿Sientes que en tu vida te falta algo de eso y no te atreves a mostrárselo a Dios por temor?. No temas. Aprende de la creación misma, del mundo en sus comienzos, que se mostraba delante de su Creador con todas sus deficiencias y carencias: desorden, vaciedad y tinieblas para que el Espíritu de Dios se moviera ordenando, llenando e iluminando. Dios no quiere que nos escondamos en nuestras carencias y/o deficiencias; al contrario, el requisito que Dios pide para que pueda trabajar con nosotros “en libertad” es que nosotros nos abramos a Él en “honestidad”, presentándonos tal como somos, tal como estamos y tal como nos sentimos, “y Él hará” (Sal. 37:5: confía en él; y él hará”).

 

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